5.01. El marco histórico de Egipto

Con la dinastía undécima comenzó el reino medio de Egipto.

Los primeros 150 años de la duodécima dinastía, que comenzó en 1991 AC, fueron los años cumbres, el período clásico de la cultura egipcia. A su terminación, declinó el poder egipcio.

La decimotercera dinastía se restringió principalmente al Egipto meridional y fue débil en el norte su contemporánea, la decimocuarta dinastía.

Después de un período de infiltración preliminar, el país fue invadido - en la parte final del siglo XVIII - por los hicsos, cuyos gobernantes los "reyes pastores" - título más adecuadamente traducido como "gobernantes de países extranjeros" - formaron la decimoquinta y décimosexta dinastías.

Esos conquistadores, mayormente semitas de los países del Mediterráneo oriental, incluían probablemente a los hurritas que no eran semitas.

Poco se sabe de los hicsos por los pocos registros que han dejado. No eran bárbaros, pues probablemente introdujeron el caballo y la carroza que posteriormente usaron los egipcios para facilitar el establecimiento de su imperio asiático.

Los hicsos se amoldaron a Egipto adoptando títulos egipcios. Gobernaron como faraones desde una capital, llamada Avaris, ubicada en el delta. Durante la primera mitad del siglo XVI, el primer rey de la decimoctava dinastía expulsó a los odiados hicsos - por lo menos a la clase gobernante - a Palestina.

Egipto, otra vez poderoso, extendió su dominio a Palestina y Siria hasta el Eufrates. Se emplearon ingentes riquezas en vastas construcciones.

Notable gobernante de esta dinastía fue la reina Hatshepsut, que estuvo asociada en el trono con su esposo Tutmosis II (c. 1508-1504 AC) y su sobrino Tutmosis III.

Ella misma fue la verdadera gobernante desde aproximadamente 1500 hasta que finalmente desapareció de la historia por 1482, posiblemente eliminada por su cogobernante, Tutmosis III, a quien ella mantuvo por mucho tiempo en segundo término. Después de la muerte de ella, su nombre fue raído de muchos de sus monumentos e inscripciones.

Tutmosis III (c. 1482-1450) extendió el imperio de Egipto hasta un punto nunca excedido. El imperio prosperó durante los reinados de Amenhotep II (c. 1450-1425) y Tutmosis IV (c. 1425-1412) y bien entrado el reinado de Amenhotep III (c. 1412-1375).

Pero en los años declinantes de este último, el creciente imperio hitita amenazó las posesiones del norte de Egipto en Asia, los habiru o los SA-GAZ asolaron partes de Siria y Palestina, y lucharon entre sí muchas de las ciudades dominadas por los egipcios. Entonces llegó Amenhotep IV (c. 1387-1366), visionario o mal dispuesto para retener el vigoroso cetro que se necesitaba a fin de detener la declinación.

Tomando el nombre de Ikhnatón, dedicó todas sus energías a una reforma religiosa; abandonó Tebas por una nueva capital dedicada a Atón (Atén), el disco del sol, y suprimió todos los otros cultos.

Entre tanto, se diluía su imperio asiático. No hizo caso de los frenéticos pedidos de ayuda de sus leales vasallos de Palestina y Siria que luchaban contra la traición y la defección ante la amenaza de los SA-GAZ o habirus.

Muchas de esas cartas fueron desenterradas de los archivos reales de las ruinas de la capital de Ikhnatón (los arqueólogos se refieren a ellas como las cartas de Amarna, debido a Tell el Amarna, el nombre moderno del lugar de las ruinas). Después de lkhnatón, cuya reforma religiosa se extinguió después de él, terminó la dinastía con varios faraones de menor importancia.

Uno de ellos fue el rey niño Tutankamón que adquirió fama por el mero accidente de que su último lugar de descanso -posiblemente modesto en comparación con los de los grandes gobernantes- escapó a las depredaciones de los ladrones de tumbas.

En los comienzos de la decimonovena dinastía, bajo Seti I (1318-1299), Egipto comenzó a recuperar un cierto control sobre Palestina.

El largo y vigoroso reinado de Ramsés II (1299- 1232) dejó una gran impresión en su siglo.

Del quinto año de su hijo Merneptah tenemos una inscripción en una columna conmemorativa, o estela, que indica que los israelitas ya estaban en Palestina la - primera mención del nombre de Israel fuera de la Biblia- y la única que hasta ahora se haya encontrado en los registros egipcios.