1.03. El día medido por la rotación de la tierra

Al girar este planeta sobre su eje, intensamente alumbrado por el sol, la mitad del globo está en la luz y la otra mitad en la sombra. Es decir, hay día en un lado y noche en el otro, pues "Dios llamó a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche" (Gén. 1: 5).

En cualquier punto que estemos de este globo giratorio, somos llevados hacia el este huyendo de la luz solar y entrando en la sombra; entonces decimos que el sol se está poniendo en el oeste.

Luego, siguiendo nuestra rotación durante la noche en torno de la porción oscura, llegamos otra vez a la luz. Vemos nuevamente el sol en la línea divisoria que llamamos amanecer.

A medida que el lugar en que estamos se acerca al punto directamente opuesto al sol, esa ígnea esfera parece ascender en nuestro cielo hasta que, al mediodía, está en nuestro meridiano.

A partir de ese punto parece declinar a medida que seguimos girando por el lado iluminado por el sol, y completamos nuestro circuito cuando llegamos otra vez a la línea del ocaso: el borde de la sombra.

Los antiguos no necesitaban relojes que les dijeran cuándo habían pasado la línea fronteriza entre el día y la noche: el alba comenzaba el día y el ocaso iniciaba la noche.