3.03. El cómputo inclusivo

Indudablemente, la forma usual de contar intervalos de tiempo era el cómputo inclusivo. Es decir, contar los días, años, etc. incompletos al principio y al fin de un período como si hubieran sido unidades completas.

Por supuesto, el ejemplo clásico es el del período de los tres días de Cristo en la tumba, desde el viernes de tarde hasta el domingo de mañana (ver "al tercer día", "en tres días" y "después de tres días", expresiones todas usadas como equivalentes para el mismo período por el mismo escritor: Mateo 17:23; 27:40, 63).

El ejemplo más claro del Antiguo Testamento está en 2 Reyes 18:9, 10, donde "al cabo de tres años" es lo que nosotros computaríamos como un intervalo de dos años.

Sin embargo, esta costumbre aparece también en los libros de Moisés.

José puso a sus hermanos "en la cárcel por tres días", pero no tres días completos, pues "al tercer día" dejó preso a Simeón y dejó que se fueran los otros (Gén. 42:17-19); y "el segundo año" después del éxodo (Núm. 9:1) significa en realidad el año inmediatamente siguiente; el primer año fue el año en que comenzó el período.

Por fuentes documentales es claro que no sólo los judíos sino también otros pueblos antiguos empleaban el cómputo inclusivo, contando el comienzo y el fin de un período.

Encontramos que los griegos llamaban a la olimpíada de 4 años - el lapso entre dos juegos olímpicos - un péntaeteris, o "período de 5 años", y los romanos se referían al solsticio de invierno (entonces el 25 de diciembre) como "el octavo día antes" del 1º de enero: el 8º incluía tanto al 25º como al 1º.

Aun en tiempos posteriores encontramos, en el habla común, una forma menos exacta de calcular, aunque en un cálculo matemático el tiempo transcurrido se computaría exactamente.