2.02. Razones para preferir la cronología hebrea

Además del error de Matusalén, hay otras razones para que los traductores de la Septuaginta estuvieran más inclinados a cambiar las cifras que los masoretas posteriores que nos han transmitido el texto hebreo.

Los judíos que hablaban griego y que tradujeron la Septuaginta en Alejandría, deseaban ganar el respeto del mundo griego erudito para su obra.

Es sabido que fueron mucho menos estrictos en la preservación de la letra del original que los judíos de Palestina.

Su versión fue hecha para lectores griegos.

Si querían que la cronología de las eras más remotas concordara más favorablemente con las creencias de la filosofía alejandrina de la época y pareciera más razonable para la mentalidad griega, era natural que alargaran los períodos en todo lo posible y suavizaran el descenso súbito de la vida humana después del diluvio, y el intervalo de padre a hijo.

Eso es exactamente lo que hacen las cifras de la Septuaginta.

Algunos eruditos han sostenido que la Septuaginta fue traducida del texto correcto, pero que los masoretas - trabajando después del nacimiento de Cristo hicieron o perpetraron cambios para desacreditar la Septuaginta, porque era la versión generalmente usada por los cristianos.

Pero si eso fuera así, ¿por qué alterarían los judíos puntos menores como las edades de los patriarcas y dejarían sin cambio las 70 semanas y otras profecías empleadas por los cristianos para probar el mesianismo de Jesús?

Si los masoretas copiaban sus textos tan concienzudamente como para retener, palabra por palabra, tantas evidencias contra ellos mismos, su Antiguo Testamento debe ser considerado mucho más fidedigno que el de los traductores alejandrinos que se tomaban libertades con el texto para expresar sus propias ideas.

Esto no se puede aclarar en forma definitiva.

Aunque los Rollos del Mar Muerto a veces apoyan una variante en la fraseología de la Septuaginta, también han confirmado la confiabilidad del texto hebreo masorético, sobre el que se han basado las traducciones más notables y más ampliamente aceptadas, tanto católicas como protestantes.