1.09. Los puntos de partida de los años

Un año es un círculo; el fin de uno es el comienzo del próximo y no hay nada en la naturaleza que indique algún punto de partida.
A veces pensamos en el año como principiando con el comienzo del ciclo agrícola de siembra y cosecha, que varía en diferentes partes del mundo.
Pero un año calendario debe tener un punto de partida definido.
Ya han sido mencionados cuatro hitos del año solar: solsticios y equinoccios.
Los antiguos años calendarios con frecuencia comenzaban en uno de esos puntos fácilmente observables, o cerca de él.
Nuestro próximo año comienza el 1º de enero, cerca del solsticio de invierno [de verano en el hemisferio sur] porque ése fue aproximadamente el día donde Julio César colocó en su calendario el año nuevo romano, que hemos heredado.

Otros calendarios antiguos comenzaban el año en la primavera o en el otoño.
Era natural que en Palestina se ubicara el comienzo del año en el otoño, cuando las primeras lluvias traían nueva vida a un país después de la estación seca, sin lluvia durante varios meses, y cuando se sembraban el trigo y la cebada invernales.
Las cosechas venían en la primavera y el verano, terminando con la vendimia de las uvas en el otoño.
Los hebreos computaban dos años. Uno (instituido en el éxodo) comenzaba en la primavera, para numerar los meses y computar el comienzo de la serie de fiestas sagradas; el otro, el antiguo año civil, comenzaba en el otoño con el séptimo mes.
Eran años lunares, computados con las lunas nuevas y no con los equinoccios.